FINAL LLAMADO FEBRERO/MARZO 16 DE FEBRERO A LAS 9 HORAS AULA A DESIGNAR
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Estimado lector, aprenda que: "Haber" es un verbo, "A ver" es mirar, "haver" no existe. "Hay" es haber, "Ahí" es un lugar, "Ay" es una exclamación y "ahy" no existe. “Haya” es haber, “Halla” es encontrar, “Allá” es un lugar, "haiga" no existe. "Iba" es de ir, "IVA" es un impuesto e "Hiba" no existe. "Valla" es una cerca, "Vaya" es ir y "Baya" es un fruto.Campaña contra la mala ortografía.

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Una sonrisa che...

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Analfabeto

El peor analfabeto es el analfabeto político. No oye, no habla, no participa de los acontecimientos políticos. No sabe que el costo de la vida, el precio del poroto, del pan, de la harina, del vestido, del zapato y de los remedios, dependen de decisiones políticas. El analfabeto político es tan burro que se enorgullece y ensancha el pecho diciendo que odia la política. No sabe que de su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado y el peor de todos los bandidos que es el político corrupto, mequetrefe y lacayo de las empresas nacionales y multinacionales.
Bertolt Brecht

El orden británico contra la “escoria”

MOTINES URBANOS, DESPRECIO SOCIAL

El orden británico contra la “escoria”

Por Owen Jones
Autor de Chavs. The Demonization of the Working Class, Verso, Londres, 2011.

La insistencia de David Cameron en negar el rol de la pobreza en los motines de agosto es “francamente extraña”, afirmaba el muy liberal The Economist. El estallido de los barrios humildes reactivó la estigmatización de las clases populares.

lgunos meses antes de las elecciones generales de mayo de 2010, el diputado laborista Stephen Pound pensaba que el electorado británico estaba menos preocupado por un eventual retorno de los conservadores al gobierno que por otra perspectiva: el temor, “casi físico”, de ver “a un lumpen-proletario adornado con baratijas relumbrantes golpeando a sus puertas y devorando a sus niñeras” (1). Incluso en períodos de relativa tranquilidad, se manifiesta una cierta altanería en la superficie de las relaciones sociales en Reino Unido, una de las sociedades más desiguales del mundo. Bastó con varias noches de motines y de pillaje durante el mes de agosto para que ese desprecio latente se mostrara claramente.

Las calles británicas han recuperado la calma, pero la agitación se adueñó de los editoriales, de las cuentas de Twitter y de los discursos de los dirigentes políticos. Un adjetivo, “salvaje” (feral), vuelve incesantemente a propósito de los amotinados, de buena gana descriptos como “ratas” (2). Richard Littlejohn, periodista de The Daily Mail, incluso propuso una solución para desembarazarse de “la jauría de huérfanos salvajes que atormentan a los barrios desheredados”: “matarlos a golpes de porra, como a focas bebé” (3). Desde hace años, los comentaristas se dedican a documentar la estupidez del “sub-proletariado” (underclass) británico; ahora lo describen como infestado de animales amenazantes.

Llevado por análisis de este tipo, así como por una atmósfera –comprensible– de cólera y de espanto, el primer ministro conservador, David Cameron, sugirió que las personas reconocidas como culpables de haber participado en motines y pillajes sean desalojadas de sus viviendas sociales (con sus familias) y privadas de sus asignaciones. Un mensaje claro: si usted es pobre y comete un delito, será castigado dos veces.

Como el desasosiego conduce a la histeria y la histeria a lo absurdo, en ocasión de procesos expeditivos se pronunciaron los castigos más descabellados: “Una madre de dos niños, no implicada en las revueltas, acaba de ser condenada a cinco meses de prisión por haber aceptado un short proveniente de un negocio asaltado”, mostraba orgullosamente la cuenta de Twitter de la policía de Manchester, antes de que el mensaje fuera retirado. También se aplicó a dos jóvenes una pena de cuatro años –más que a algunos asesinos– por haber tratado de organizar, en Facebook, un motín que nunca tuvo lugar.

Al día siguiente de los hechos violentos la sociedad británica se parecía a la de los “animales enfermos de la peste” descripta por Jean de la Fontaine (1621-1695). En 2009, el “escándalo de los fondos reservados” reveló que una gran cantidad de parlamentarios se apropiaba de dinero público. Sólo tres diputados fueron enviados a prisión. Algunos habían facturado a los contribuyentes el mismo tipo de pantalla plana que las hurtadas por quienes pillaban. Reconocido culpable de haberse hecho reembolsar 8.750 libras esterlinas (alrededor de 10.000 euros) por un televisor Bang and Olufsen, el diputado laborista Gerald Kaufman simplemente debió devolver el dinero. En cambio Nicolas Robinson, un hombre de 23 años sin antecedentes penales, pasará seis meses en la cárcel porque durante un motín robó agua mineral por un valor de 3,50 libras (alrededor de 3,70 euros). Todo depende según uno sea poderoso o miserable…

Discurso falaz

En su discurso del 15 de agosto pasado Cameron comenzó sorprendiendo: los acontecimientos recientes, afirmó, “constituyen una señal de alarma para nuestro país: los problemas sociales, que se incubaban desde hace décadas, acaban de explotarnos en la cara”. ¿Los conservadores que se suman a las tesis progresistas están invitando a tomar en cuenta las raíces socioeconómicas de los motines? No precisamente. Los “problemas sociales” que identificaba el Primer Ministro –prometiendo tener “el coraje de enfrentarlos”– se resumían en “un lento derrumbe moral”: “niños sin padres, escuelas sin disciplina y recompensas sin esfuerzo”. Sostener la lógica según la cual la pobreza se desprendería de problemas de comportamiento, de carencias individuales –incluso de elecciones propias–, constituye un buen medio de legitimar el proyecto conservador de amputar los presupuestos vinculados a la protección social (4). Una de las propuestas del gobierno más cuestionadas consiste en limitar las ayudas para la vivienda que reciben principalmente los trabajadores pobres.

De manera oportuna para el gobierno, los motines favorecieron el desarrollo de la caricatura del chav, un término cuyo sentido se ubica en algún lugar entre “proletarios” y “escoria”. Algunos, como Fran Healy, el cantante del grupo Travis, no dudaron en ironizar sobre una “primavera chav”, haciendo referencia a la “primavera árabe”. La palabra –que podría provenir de chaavi, “niño” en romaní– entró en el diccionario Collins con esta definición: “Persona joven de extracción popular que se viste con jogging”. Pero, más que una realidad, el término muestra que el discurso dominante asocia a los jóvenes de las clases populares con un comportamiento antisocial, vulgaridad, ignorancia, consumo excesivo de alcohol, etc.

En Reino Unido, como en otras partes, el desprecio y la intolerancia suscitan con frecuencia el oprobio general. Muy felizmente, nadie propondría públicamente, sin atraer la ira de la justicia, cursos de autodefensa para protegerse de los homosexuales, sitios de internet titulados “chusma judía”, una estadía en las islas “garantizada sin mujeres” o campañas a favor de la esterilización de los negros. Sin embargo, si reemplazamos “homosexuales”, “judíos”, “mujeres”, y “negros” por “chav”, nos encontraremos en el ámbito de lo trivial. Los ejemplos que se acaban de mencionar son reales, y nadie se indigna.

La caricatura del “chav” aparece a fines de los años 90, en un momento en que las representaciones positivas de las clases populares se hacían escasas en los medios de comunicación. Fue la época en que periodistas y dirigentes políticos de todo tipo explicaban que “ahora todos formamos parte de la clase media”. Todos, con excepción de un grupo ubicado en la parte más baja de la escala social. El supuesto aburguesamiento de los obreros habría hecho aparecer, como por decantación, un resto superfluo. “Lo que nosotros llamamos las clases laboriosas respetables prácticamente han desaparecido –afirmaba en 2007 el periodista Simon Heffer–. En general, aquellos que antes los sociólogos identificaban como ‘los trabajadores’ ya no trabajan en absoluto: viven del Estado de Bienestar” (5).

Son escasos los que, dentro de la elite británica, se preocupan por disimular su discurso; igualmente escasos son los que no comparten el análisis. Retomando las teorías del libertario estadounidense Charles Murray (6), la derecha asegura que las personas que no se han unido a la clase media son retoños “naturales” de madres solteras. El New Labour de Anthony Blair prefería calificarlos como “excluidos”. Con el cuidado de señalar, como Matthew Taylor, ex asesor estratégico de Blair, que el concepto supone “que la persona se excluye a sí misma, que su condición social se reproduce por su comportamiento individual”. Dicho de otra manera: los que todavía no pertenecen a la clase media sólo pueden culparse por ello a sí mismos.

Tal evolución constituye una victoria para la ex primera ministra Margaret Thatcher, instigadora de la contra-revolución liberal en Reino Unido. En 1978, seis meses antes de su victoria, había declarado: “En verdad, la pobreza extrema ha desaparecido de este país”. Si perdura, en ciertos lugares, es tal vez “porque algunas personas no saben sostener un presupuesto, no saben administrar sus gastos; pero, sobre todo, porque lo que se mantiene son los defectos individuales” (7).

Vemos entonces consolidarse el consenso político según el cual cada uno debe tender a incorporarse a la clase media, a riesgo de castigar a los que se “nieguen”. Un trabajo de zapa disgrega los viejos pilares de la identidad obrera británica: las industrias, que hacían vivir a ciudades enteras, como las minas o los diques; las instituciones, como los sindicatos o el Council housing (viviendas sociales), y algunos valores, como la solidaridad, mientras hoy se prefiere el individualismo.

Pobres contra pobres

Primera consecuencia de este asalto: el cambio de mirada hacia las clases populares. En un estudio elaborado por la consultoría Britain Thinks publicado este año, el 71% de las personas encuestadas se describían como perteneciendo a la clase media. “Planteo la misma pregunta, relativa a la identidad social, desde el final de los años 80 –observa Deborah Mattinson, encargada de la encuesta–. Pero, desde hace poco, la categoría ‘clases populares’ parece representar un insulto, de la misma manera que otros términos como chav” (8). Incluso en el caso de personas para las cuales la única categoría apropiada es, objetivamente, la de “clases populares”, pero que no desean verse asociadas a una categoría juzgada desvalorizante comparada con la, más gratificante, de “clases medias”.

En un momento en que también la izquierda neolaborista abandona la idea según la cual la pobreza y el desempleo resultan del sistema capitalista, un sentimiento de culpabilidad aparece entre las víctimas del modelo económico instalado. Ya no se trata para ellas de cambiar sus condiciones de existencia, sino de escapar de ellas.

Sin embargo, nadie sugiere que las clases populares no han cambiado. Más de siete millones de personas trabajaban en el sector industrial en 1979; hoy ya no son más que dos millones y medio. Ahora se encuentran menos trabajadores en las minas y en la gran industria que en los call centers, los supermercados o las oficinas. Las tareas son más “limpias”, de menor esfuerzo físico y pueden ser realizadas por mujeres. Pero los empleos son más precarios, menos prestigiosos y (además) peor pagos. Después de tres décadas de liberalización de las leyes laborales, cerca de un millón y medio de personas deben contentarse con un puesto de medio tiempo. Una cantidad equivalente de trabajadores por agencia pueden ser despedidos en menos de una hora, sin ninguna indemnización. Ellos ya no conocen las vacaciones pagas.

En 2009, un estudio de la fundación Prince’s Trust establecía que los jóvenes desempleados eran más susceptibles que los otros de sufrir de ansiedad, depresión o de manifestar comportamientos suicidas. En Tottenham, donde comenzaron los motines, se registran 34 demandantes de empleo por cada oferta. La inmensa mayoría de las personas interpeladas tiene menos de 24 años y está desempleada. ¿Hay que sorprenderse, realmente, de que esta población –que, sin un empleo para conservar, y sin una carrera que cuidar, sin futuro– se haya implicado más en los motines de agosto pasado que la que vive en los barrios de mejor nivel? Seguramente, pobreza y desempleo no llevan mecánicamente al pillaje; pero basta una minoría para hundir a un barrio en el caos.

Lejos de constituir un levantamiento político de los pobres y de los desheredados que algunos esperaban, los motines de agosto tuvieron sus principales víctimas entre los más desfavorecidos. Pobres contra pobres: una división útil al poder conservador, que no pierde ninguna ocasión de explotarla. Las “revelaciones” de la prensa sensacionalista relativas a “esos inmigrantes que viven en el lujo” atizan con seguridad el resentimiento de una parte de los cinco millones de personas que languidecen en las listas de espera de las viviendas sociales. De la misma manera, los “expedientes especiales” sobre el fraude con las asignaciones soplan sobre las brasas de la cólera de todos los que se contentan con los mínimos sociales, aun cuando ese fraude, estimado en 1.200 millones de libras anuales (alrededor de 1.400 millones de euros), cuesta 58 veces menos a los contribuyentes que la evasión fiscal.

Los motines habrán contribuido a la fragmentación de las clases populares. En estos tiempos de debacle financiera, no resulta indiferente dirigir la mirada de los pobres hacia sus vecinos más pobres todavía, antes que hacia las remuneraciones pagadas a los miembros de los consejos de administración (que subieron el 55% el año pasado).

1. Salvo mención en contrario, las citas provienen de entrevistas con el autor.

2. Entre otros: BBC News (9-8-11), The Daily Telegraph (10-8-11), The Daily Mail (11-8-11).

3. “The politics of envy was bound to end up in flames”, 12-8-11, www.dailymail.co.uk

4. Véase Tony Wood, “Resistencia británica a la austeridad”, Le Monde diplomatique, ed. Cono Sur, Buenos Aires, junio de 2011.

5. “We pay to have an underclass”, The Telegraph, Londres, 29-8-07.

6. Véase Rick Fantasia, “Sociologues contre pyromanes”, Le Monde diplomatique, París, febrero de 1998.

7. The Catholic Herald, Londres, 22-12-1978.

8. The Independent, Londres, 20-3-11.


Traducción: Lucía Vera

REVOLUCIONARIO INVENTO

Bastante cerca de lo charlado en clase sobre los mitos de izquierda

jueves 1 de octubre de 2009

Discurso de Engels ante la tumba de Marx

Engels, Friedrich. 1883 Discurso ante la tumba de Marx

El 14 de marzo, a las tres menos cuarto de la tarde, dejó de pensar el más grande pensador de nuestros días. Apenas lo dejamos dos minutos solo, y cuando volvimos, lo encontramos dormido suavemente en su sillón, pero para siempre. Es de todo punto imposible calcular lo que el proletariado militante de Europa y América y la ciencia histórica han perdido con este hombre. Muy pronto se dejará sentir el vacío que ha abierto la muerte de esta figura gigantesca.

Así como Darwin descubrió la ley del desarrollo de la naturaleza orgánica, Marx descubrió la ley del desarrollo de la historia humana: el hecho, tan sencillo, pero oculto hasta él bajo la maleza ideológica, de que el hombre necesita, en primer lugar, comer, beber, tener un techo y vestirse antes de poder hacer política, ciencia, arte, religión, etc.; que, por tanto, la producción de los medios de vida inmediatos, materiales, y por consiguiente, la correspondiente fase económica de desarrollo de un pueblo o de una época es la base a partir de la cual se han desarrollado las instituciones políticas, las concepciones jurídicas, las ideas artísticas e incluso las ideas religiosas de los hombres y con arreglo a la cual deben, por tanto, explicarse, y no al revés, como hasta entonces se había venido haciendo.

Pero no es esto sólo. Marx descubrió también la ley específica que mueve el actual modo de producción capitalista y la [172] sociedad burguesa creada por él. El descubrimiento de la plusvalía iluminó de pronto estos problemas, mientras que todas las investigaciones anteriores, tanto las de los economistas burgueses como las de los críticos socialistas, habían vagado en las tinieblas.

Dos descubrimientos como éstos debían bastar para una vida. Quien tenga la suerte de hacer tan sólo un descubrimiento así, ya puede considerarse feliz. Pero no hubo un solo campo que Marx no sometiese a investigación —y estos campos fueron muchos y no se limitó a tocar de pasada ni uno solo—, incluyendo las matemáticas, en que no hiciese descubrimientos originales.

Tal era el hombre de ciencia. Pero esto no era, ni con mucho, la mitad del hombre. Para Marx, la ciencia era una fuerza histórica motriz, una fuerza revolucionaria. Por puro que fuese el goce que pudiera depararle un nuevo descubrimiento hecho en cualquier ciencia teórica y cuya aplicación práctica tal vez no podía preverse aún en modo alguno, era muy otro el goce que experimentaba cuando se trataba de un descubrimiento que ejercía inmediatamente una influencia revolucionadora en la industria y en el desarrollo histórico en general. Por eso seguía al detalle la marcha de los descubrimientos realizados en el campo de la electricidad, hasta los de Marcel Deprez en los últimos tiempos.

Pues Marx era, ante todo, un revolucionario. Cooperar, de este o del otro modo, al derrocamiento de la sociedad capitalista y de las instituciones políticas creadas por ella, contribuir a la emancipación del proletariado moderno, a quien él había infundido por primera vez la conciencia de su propia situación y de sus necesidades, la conciencia de las condiciones de su emancipación: tal era la verdadera misión de su vida. La lucha era su elemento. Y luchó con una pasión, una tenacidad y un éxito como pocos. Primera "Rheinische Zeitung", 1842 [1]; "Vorwärts" de París, 1844 [2]; "Deutsche-Brüsseler-Zeitung", 1847 [3]; "Neue Rheinische Zeitung, 1848-1849 ; "New-York Daily Tribune", 1852-1861 [4], a todo lo cual hay que añadir un montón de folletos de lucha, y el trabajo en las organizaciones de París, Bruselas y Londres, hasta que, por último, nació como remate de todo, la gran Asociación Internacional de los Trabajadores, que era, en verdad, una obra de la que su autor podía estar orgulloso, aunque no hubiese creado ninguna otra cosa.

Por eso, Marx era el hombre más odiado y más calumniado de su tiempo. Los gobiernos, lo mismo los absolutistas que los republicanos, le expulsaban. Los burgueses, lo mismo los conservadores que los ultrademócratas, competían a lanzar [173] difamaciones contra él. Marx apartaba todo esto a un lado como si fueran telas de araña, no hacía caso de ello; sólo contestaba cuando la necesidad imperiosa lo exigía. Y ha muerto venerado, querido, llorado por millones de obreros de la causa revolucionaria, como él, diseminados por toda Europa y América, desde las minas de Siberia hasta California. Y puedo atreverme a decir que si pudo tener muchos adversarios, apenas tuvo un solo enemigo personal.

Su nombre vivirá a través de los siglos, y con él su obra.


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Discurso pronunciado en inglés en el cementerio texto del periódico de Highgate, el 17 de marzo Traducido del alemán de 1883. Publicado en alemán, en el periódico"Der Sozialdemokrat" Nº 13, del 22 de marzo de 1883.

[1]
46 Rheinisehe Zeitung für Politik, Handel und Gewerbe («Periódico del Rin para cuestiones de política, comercio e industria»): diario que se publicó en Colonia del 1 de enero de 1842 al 31 de marzo de 1843. En abril de 1842, Marx comenzó a colaborar en él, y en octubre del mismo año pasó a ser uno de sus redactores; Engels colaboraba también en el periódico.- 80, 172, 361, 409

[2] 115 "Vorwärts" («Adelante»): periódico alemán que se publicó en París desde enero hasta diciembre de 1844 dos veces por semana. Colaboraban en él Marx y Engels.- 172, 187

[3] 51 "Deutsche-Brüsseler-Zeitung" («Periódico Alemán de Bruselas»): periódico fundado por los emigrados políticos alemanes en Bruselas; se publicó desde enero de 1847 hasta febrero de 1848. A partir de septiembre de 1847, Marx y Engels colaboraban permanentemente en él y ejercían una influencia directa en su orientación. Bajo la dirección de Marx y Engels, se hizo órgano de la Liga de los Comunistas.- 82, 172, 191


[4] 58 "New-York Daily Tribune" («Tribuna diaria de Nueva York»): diario progresista burgués que se publicó de 1841 a 1924. Marx y Engels colaboraron en él desde agosto de 1851 hasta marzo de 1862.- 83, 172

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Vamo la filozofia

Pa aprender a escribir vurro


"Un Ser Humano debería ser capaz de cambiar un pañal, planear una invasión, despiezar un cerdo, ensamblar una barca, diseñar un edificio, escribir un soneto, hacer un balance, levantar una pared, expresarse en otro idioma, remendar un hueso roto, confortar a un moribundo, obedecer órdenes, dar órdenes, cooperar, actuar en solitario, resolver ecuaciones, analizar un nuevo problema, esparcir estiercol, manejar un ordenador, cocinar una comida sabrosa, sufrir con entereza, luchar eficientemente."
La especialización es para los insectos
-- Robert A. Heinlein

INTERESANTE



Sir Ernest Rutherford, padre de la física nuclear y Premio Nobel de Química en 1908, solía contar la siguiente anécdota:

“Hace algún tiempo, recibí la llamada de un colega. Estaba a punto de poner un cero a un estudiante por la respuesta que había dado en un examen de física, pese a que éste afirmaba con rotundidad que su respuesta era absolutamente acertada. Profesores y estudiantes acordaron pedir arbitraje de alguien imparcial y fui elegido yo.

La pregunta del examen era: Demuestre como es posible determinar la altura de un edificio con la ayuda de un barómetro. La respuesta del estudiante fue la siguiente: lleve el barómetro a la azotea del edificio y átele una cuerda muy larga. Descuélguelo hasta la base del edificio; marque y mida. La longitud de la cuerda es igual a la altura del edificio.

Realmente el estudiante había planteado un serio problema con la resolución del ejercicio, porque había respondido a la pregunta correcta y completamente. Por otro lado, si se le concedía la máxima puntuación, podría alterar el promedio de su año de estudios, obtener una nota mas alta y así certificar su alto nivel en física; pero la respuesta no confirmaba que el estudiante tuviera ese nivel. Sugerí que se le diera al alumno otra oportunidad. Le concedí seis minutos para que me respondiera la misma pregunta pero esta vez con la advertencia de que en la respuesta debía demostrar sus conocimientos de física.

Habían pasado cinco minutos y el estudiante no había escrito nada. Le pregunté si deseaba marcharse, pero me contestó que tenía muchas respuestas al problema; su dificultad era elegir la mejor de todas. Me excusé por interrumpirle y le rogué que continuara. En el minuto que le quedaba escribió la siguiente respuesta: coja el barómetro y láncelo al suelo desde la azotea del edificio,y mida el tiempo de caída con un cronómetro. Después aplique la formula altura = 0,5 por la gravedad y por el tiempo al cuadrado, y así obtenemos la altura del edificio. En este punto le pregunté a mi colega si el estudiante se podía retirar. Le dio la nota más alta.

Tras abandonar el despacho, me reencontré con el estudiante y le pedí que me contara sus otras respuestas a la pregunta.
-Bueno, hay muchas maneras. Por ejemplo, coges el barómetro en un día soleado y mides la altura del barómetro y la longitud de su sombra. Si medimos a continuación la longitud de la sombra del edificio y aplicamos una simple proporción, obtendremos también la altura del edificio.
-Perfecto, ¿y de otra manera?
-Sí. Este es un procedimiento muy básico para medir un edificio, pero también sirve. En este método, coges el barómetro y te sitúas en las escaleras del edificio en la planta baja. Según subes las escaleras, vas marcando la altura del barómetro y cuentas el numero de marcas hasta la azotea. Multiplicas al final la altura del barómetro por el número de marcas que has hecho y ya tienes la altura.
-Ese es un método muy directo.
-Por supuesto. Si lo que quiere es un procedimiento mas sofisticado, puede atar el barómetro a una cuerda y moverlo como si fuera un péndulo. Si consideramos que cuando el barómetro está a la altura de la azotea, la gravedad es cero y si tenemos en cuenta la medida de la aceleración de la gravedad al descender el barómetro en trayectoria circular al pasar por la perpendicular del edificio, de la diferencia de estos valores, y aplicando una sencilla fórmula trigonométrica, podríamos calcular, sin duda, la altura del edificio. En este mismo estilo de sistema, atas el barómetro a una cuerda y lo descuelgas desde la azotea a la calle. Usándolo como un péndulo puedes calcular la altura midiendo su periodo de oscilación.

En fin, concluyó, existen otras muchas maneras. Probablemente, la mejor sea coger el barómetro y golpear con él la puerta de la casa del conserje, y cuando abra, decirle: ‘Señor conserje, aquí tengo un bonito barómetro. Si usted me dice la altura de este edificio, se lo regalo’.



En este momento de la conversación, le pregunté si no conocía la respuesta convencional al problema. Dijo que la conocía, pero que durante sus estudios, sus profesores habían intentado enseñarle a pensar”.

La respuesta convencional al problema era que la diferencia de presión marcada por un barómetro en dos puntos diferentes nos proporciona la diferencia de altura entre estos puntos.

Aquel estudiante, a quien sus profesores habían enseñado a pensar, se llamaba Niels Bohr, físico danés, quien se basaría en las teorías de Rutherford, para publicar su modelo atómico en 1913, introduciendo la teoría de las órbitas cuantizadas, obteniendo el premio Nobel de Física en 1922.

No abran los paraguas y luego escuchen

Mi canción preferida (en el fondo soy un romántico)

Realmente muy cómico

Liz Fraser (Cocteau Twins) la mejor voz lejos del pop

Muy interesante 1